Tres Deseos

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: Un hijo pródigo y un Padre perdonador.  Cuarto domingo de Cuaresma – Año C
Objeto: Un libro o video de “Aladino,” o de usted poder conseguirla, una lámpara me latón llamaría mucho la atención.
Escritura: “Pero el padre ordenó a sus siervos: '¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.' Así que empezaron a hacer fiesta”. (Lucas 15:22-24 – NVI).

Estoy seguro que la mayoría de ustedes han leído el libro o han visto la película “Aladino”. Como saben, en la historia Aladino encontró una lámpara de latón. Había algo escrito en ella, pero la lámpara estaba tan sucia que Aladino no podía leerlo. Cuando la frotó para quitarle el polvo y la suciedad, un genio salió de la lámpara y le dijo a Aladino que le concedería tres deseos.

Bueno, hoy tengo una historia similar pero no tiene una lámpara mágica ni un genio. Es una historia dicha por Jesús acerca de un joven que tenía tres deseos.

1. Deseaba tener mucho dinero.
2. Deseaba viajar y ver el mundo.
3. Quería ser su propio jefe.

Al joven le concedieron los tres deseos, pero no por un genio. El joven fue donde su padre y le pidió que le diera la herencia que recibiría al padre morir. Aún cuando el padre sentía tristeza al hijo irse, le dio la parte de la fortuna familiar que le tocaba y el joven se fue y viajó por el mundo. Visitó todos los lugares que siempre había deseado visitar e hizo todo lo que había deseado hacer. Se sentía feliz de que nadie le dijera lo que tenía que hacer. Como el joven tenía mucho dinero, si veía algo que deseaba, lo compraba, y como tenía mucho dinero, también tenía muchos amigos.

Parece una historia con un final bien feliz, ¿no? Bueno, la historia no termina aquí. Después de un tiempo el joven se encontró sin dinero…lo había gastado todo. Entonces sus amigos se alejaron de él. Se sentía desesperado, así que comenzó a trabajar para un hombre que lo mandó a alimentar cerdos. El joven tenía tanta hambre que se hubiese sentido contento con comer el alimento que se le daba a los cerdos. Mientras observaba el corral de cerdos con su suciedad, pensó en la forma desordenada en que había vivido. Pensó también en su padre y en el hogar que había dejado.

“Aún los sirvientes de mi padre viven mejos que esto”. dijo el joven. “Regresaré a mi padre y le diré que estoy arrepentido por la forma en que me he comportado y le pediré que me dé trabajo como a uno de sus siervos.”

¿Cees que el padre estaría dispuesto a que su hijo regresara al hogar? Sí, pero no como un siervo. Lo recibió como un hijo. Llamó a sus siervos y les dijo: “Hagamos una fiesta y celebremos. Mi hijo se había perdido, más ahora ha sido encontrado”.

Bueno, la historia tuvo un final felíz después de todo, ¿no es así? Esta historia que contó Jesús en verdad es una historia acerca de tí y de mí y la forma en que nos comportamos en ocasiones.

A veces tú y yo hacemos decisiones malas, como el joven en nuestra historia. En ocasiones deseamos cosas que no son buenas para nosotros. Otras veces no deseamos escuchar a Dios y obedecer lo que la Biblia nos indica que hagamos. Cuando actuamos de esa manera, realmente nuestra vida se convierte en una vida desordenada Bueno, ¡pues tengo buenas noticias para ustedes! Al igual que el padre en nuestra historia, Dios, nuestro Padre Celestial, siempre está deseoso de recibirnos si confesamos que hemos hecho mal y regresamos a él.

Querido Padre, en ocasiones hacemos una decisión mala. Gracias por ser un Padre amoroso que siempre nos recibes cuando regresamos a tí. Amén.

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