El que calma nuestra sed

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: Jesús satisface nuestra sed. (Tercer domingo de Cuaresma)
Objeto: Una botella de Gatorade
Escritura: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, respondió Jesús, pero el que beba del agua que yo le dare, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna”. Juan 4:13-14 (NVI)

Estoy seguro que la mayoría de ustedes juegan algún deporte y están familiarizados con una bebida llamada Gatorade. ¿Cuántos de ustedes han tomado Gatorade? Ahora hay muchas bebidas para los que hacen deportes, pero Gatorade fue la primera de todas. Garantiza que satisfacerá tu sed mejor que nada en el mundo, más aún que la propia agua.

Oigan lo que leí acerca Gatorade en uno de sus anuncios: “Toda clase de atletas agarran una Gatorade. Nada anima tanto; ni agua, ni jugo, ni bebida deportiva alguna. Los atletas profesionales siguen y siguen activos con Gatorade. Tú puedes también”.

¡Wow! Me tienen convencido excepto por una cosa: en todas los anuncios hechos por Gatorade, nunca he visto que digan: ¡Si tomas de este producto nunca más te dará sed! Si alguien dijera que tiene un producto así, eso sería tremendo, ¿verdad? Bueno, Jesús indicó que él sí tenía algo que no daría sed jamás.

Un día Jesús estaba caminando por un pueblo llamado Samaria. Estaba acalorado y cansado así que se sentó al lado de un pozo para descansar. Una mujer vino a sacar agua del pozo y Jesús le pidió que le diera agua. La mujer se sorprendió de que Jesús le hablara, pues los judíos normalmente no le hablaban a los samaritanos. Ella le preguntó: “¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo soy samaritana?”

Jesús le respondió: “Si supieras lo que Dios puede dar y conocieras al que te está pidiendo agua tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua que da vida.”

La mujer dijo: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo; ¿de dónde, pues, vas a sacar esa agua que da vida?”

Jesús le contestó: “Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás.”

¡Wow! Agua que te satisfacerá de tal manera que nunca más sentirás sed. Jesús no estaba hablando de la sed que se calma con agua de un pozo, él estaba hablando de nuestra sed de Dios. La Biblia nos enseña que sentimos sed en nuestro corazón por el Dios viviente, y que Jesús es el único que puede calmarla Así que si tenemos a Jesús en nuestro corazón, el satisfacerá nuestra sed de Dios y no sentiremos esa sed jamás. ¡Jesús es vida! ¡Tómale!

Querido Señor, tú nos has dado a Jesús, el agua de vida. Que bebamos de esa agua de vida para que nunca más sintamos sed. Amén.

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