Una pizca de sal

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá


Tema: Jesús nos llama a ser sal en nuestro mundo. (Tiempo Ordinario 21 (26) - 18vo Domingo después de Pentecostés, Año B)
Objetos: Un libro de recetas y unas galletas para compartir.
Escritura: “La sal es buena, pero si deja de ser salada, ¿cómo le pueden volver a dar sabor? Que no falte la sal entre ustedes, para que puedan vivir en paz unos con otros” (Marcos 9:50 - NVI).

Decidí hacer unas galletas para compartir con ustedes. Lo primero que hice fue buscar un libro de cocina. Busqué y estudié muchas recetas antes de decidir cuál deseaba hacer y hubo una cosa que noté. En casi todas las recetas de galletas piden utilizar por lo menos una o dos tazas de azúcar, además de una pizca de sal. Hace sentido el que las galletas tengan mucha azúcar, porque las galletas son muy dulces, pero ¿por qué la pizca de sal? La razón es que la sal hace que la comida dulce tenga un sabor más dulce todavía al reducir el sabor agrio del alimento. Solo necesitas una pizca porque no deseas que las galletas tengan un sabor salado, ¿no es así?

Algunos de ustedes pueden estar diciendo: “Espera un momento, no he venido a la iglesia a una clase de cocina. ¿Qué tiene que ver esto con nuestra lección bíblica de hoy?” Bueno, puedes recordar que Jesús, en su Sermón del Monte dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra”. En nuestra lección de hoy, vemos que Jesús nuevamente habló sobre la sal. En el versículo a memorizar, Jesús dijo: “La sal es buena, pero si deja de ser salada, ¿cómo le pueden volver a dar sabor? Que no falte la sal entre ustedes, para que puedan vivir en paz unos con otros.”

Puedes estar pensando, “Soy solo un niño, ¿cuánto bien puedo hacer en el mundo?” Recuerda, la mayoría de las recetas piden “solo una pizca de sal.” No es mucha sal, pero cambia el sabor de las galletas. ¡De no tener esa poca sal, notarás que definitivamente le falta algo a las galletas!

Hay mucho odio, amargura y rencor en nuestro mundo hoy. Si vamos a demostrar el amor de Jesús en todo lo que hacemos, podremos ser la sal de la tierra como Jesús nos ha llamado a ser. Solo una pizca de sal puede hacer mucho para eliminar la amargura y el rencor y a la vez traer paz a nuestro mundo.

Padre celestial, somos solo niños, pero te pedimos que nos ayudes a ser esa “pizca de sal” que dará, con tu amor, sabor a nuestro mundo. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Actividades grupales interactivas
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