Todo depende de la tierra

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: El crecimiento depende del lugar donde se siempre la semilla – Propio 10 (15)
Objetos: Varios paquetes de semillas.
Escritura: “Pero el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende” (Mateo 13:23a – NVI).

¿Has sembrado algo alguna vez? Quizás cogiste algunos paquetes de semillas y las sembraste en un jardín de vegetales. De ser así, sabrás que el tipo de tierra que tengas es muy importante para el éxito del jardín. Si la tierra es muy dura, o rocosa y con espinos, probablemente no tendrás una buena cosecha de vegetales.

En la lección bíblica de hoy, Jesús contó una historia acerca de un hombre que salió y sembró algunas semillas. Esta historia que Jesús dijo se conoce como “La parábola del sembrador” pero actualmente, la historia trata más sobre la tierra que del sembrador o la semilla. Algunas cayeron junto al camino, donde la tierra era muy dura. La semilla se quedó en la superficie de la tierra y llegaron los pájaros y se la comieron. Otra parte de la semilla cayó en terreno pedregoso. La semilla brotó pronto pero cuando salió el sol, las plantas se marchitaron y se secaron. porque no tenían buenas raíces. Algunas semillas cayeron entre espinos que, al crecer, la ahogaron. Afortunadamente las otras semillas cayeron en buen terreno y las plantas crecieron fuertes y saludables y produjeron una buena cosecha.

En la historia de Jesús, la Palabra de Dios es la semilla, y nosotros somos el terreno. Muchas veces, cuando venimos a la iglesia, el predicador está predicando la Palabra, pero no estamos prestando la atención adecuada. Quizás estamos pensando en lo que haremos esa tarde o lo que hicimos ayer. Estamos oyendo la Palabra pero no la estamos escuchando. Eso es como cuando la semilla cae sobre la dura tierra. Nada de la Palabra crecerá en nuestra vida.

Hay otras ocasiones en las cuales escuchamos la Palabra y nos entusiasmamos con ella, pero nuestro entusiasmo no dura mucho y nos alejamos. Esto se parece a cuando las semillas caen en terreno pedregoso. Las plantas salen, pero se mueren porque sus raíces no son profundas.

A veces escuchamos la Palabra y creemos en lo que dice, pero deseamos seguir haciendo las mismas cosas que hemos hecho hasta el momento. Eso se parece a cuando la semilla es plantada entre espinos. Puedo decirles lo que pasará: los espinos crecerán con fuerza y ahogarán a las semillas.

Cuando oímos la Palabra y la escuchamos y tratamos de entender lo que dice y tratamos de ponerla en práctica en nuestra vida, entonces somos como el buen terreno. Somos la buena tierra en la cual la semilla echa raíces y crece y produce una buena cosecha. Esa es la clase de terreno que Jesús desea que seamos. ¿Qué clase de terreno eres?

Querido Jesús, deseamos ser como el buen terreno. Ayúdanos a escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica en nuestra vida diaria. En su nombre oramos. Amén.

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