Perdido y encontrado

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: El amor y perdón de Dios. Cuarto domingo de Cuaresma – Año C
Objetos: “Un anuncio de Perro perdido. Puedes crear uno en tu computadora o usar este: clic aquí
Escritura: “Pero el padre ordenó a sus siervos: ¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado. Así que empezaron a hacer fiesta” (Lucas 15:22-24 – NVI).

Al caminar por mi vecindario, frecuentemente veo anuncios como este. (Enseñe el anuncio del perro perdido.) “Perro perdido. Nuestro perrito, Pícaro, ha estado perdido desde el 1ro de marzo. Queremos mucho a Pícaro y deseamos que regrese a nosotros. Si encuentran a Pícaro, favor de llamarnos al 772-5512. Recompesa de $25.00.”

Cuando veo anuncios como este, siento cierta tristeza. Me imagino a una familia deseando y esperando que su perro llegue a la casa. Me los imagino agitados cada vez que suena el teléfono, esperando que sea alguien que haya encontrado su perro. Pienso en lo preocupados que deben estar y lo mucho que deben desear que su perrito esté bien y seguro.

¿Has perdido algo alguna vez que fuera muy valioso para tí? ¿Cómo te sentiste? ¿Alguna vez has encontrado algo que se te había perdido? De ser así, ¿cómo te sentiste cuando lo encontraste?

En nuestra historia bíblica de hoy, Jesús contó una historia acerca de un hombre que había perdido algo que era muy valioso para él. La historia nos dice también del gozo que sintió el hombre cuando encontró lo que había perdido. Esta es la historia que dijo Jesús:

Un hombre tenía dos hijos. El menor le pidió a su padre que le diera la parte de la herencia que le correspondía. El padre se la dió, y el hijo se fue de la casa a ver el mundo y a divertirse. El padre sufrió mucho. Había perdido a uno de sus hijos.

No pasó mucho tiempo para que el muchacho gastara todo su dinero al vivir muy alegremente. No tenía dinero para comer, así que consiguió un trabajo alimentando cerdos. ¿Se pueden imaginar chapaleando en el barro con un montón de credos apestosos? Era el peor grabajo que se pueden imaginar, pero él tenía tanta hambre que aún la comida de los cerdos le lucía atractiva.

El muchacho estudió la situación en la cual se encontraba y se dijo: “¡Los siervos de mi padre viven mejor que esto! Regresaré a casa y le rogaré a mi padre que me perdone y que me de trabajo como uno de sus siervos.” Mientras se acercaba a la casa de su padre, su padre amado, el que había estado velando y esperando el regreso de su hijo, lo vio llegar y corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.

El padre estaba tan contento de que su hijo hubiese regresado que dio órdenes de que se le diera ropa y le pusieran una sortija en su dedo. Ordenó a sus siervos a preparar una fiesta. “Mi hijo estaba muerto y ahora está vivo. Estaba perdido y ha sido encontrado.”

Jesús contó esta historia para enseñarle la clase de amor que Dios tiene para sus hijos. Cuando uno de los hijos de Dios se descarría, se pierde, Él siempre le da la bienvenida con sus brazos abiertos cuando la persona regresa a su hogar. ¿No te alegra saber que tienes un Padre celestial que te ama, aún cuando no te lo merezcas? ¡Yo sí!

Querido Padre, te damos gracias por tu amor inagotable. Estamos agradecidos de que aún cuando nos alejamos de tí tú nos recibes con los brazos abiertos cuando regresamos. Amén.

Actividades grupales interactivas
Página para colorear
Crucigrama
Escoge
Secreta palabras
Silueta de la palabra
Sopa de letras
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