El soplo de un viento nuevo

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: El Espíritu Santo (Domingo de Pentecostés)
Objeto: un cometa (chiringa) y pedacitos de papel
Escritura: Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Hechos 2:1-4 (NVI)

¿A cuántos de ustedes les gusta volar cometas? Es muy divertido mirar las cometas subir bien alto al cielo. ¿Qué es lo que las mantiene allá arriba? Es el viento ¿no? ¿Cuántos de ustedes han visto el viento? ¡Ésto es una broma! Nadie ha visto el viento. No podemos verlo porque es invisible. Pues, si no podemos verlo ¿Cómo podemos saber que existe?

Una forma de saber que el viento existe es que lo oímos. Cuando me despierto por la mañana, a veces pongo la televisión para escuchar cómo estará el tiempo. Algunas mañanas, no tengo que ver la televisión para saber que hace mucho viento. ¡Puedo oírlo! Lo oigo silbar al pasar entre los árboles, al bajar por la chimenea y alrededor de las ventanas y puertas. No podemos ver el viento, pero sabemos que sí existe porque lo oímos.

Otra forma de saber que el viento existe es que podemos verlo moviendo cosas. (Tome pedazos de papel en la mano y sóplelos al aire.) Podemos verlo al soplar las hojas de los árboles y los pedazos de papel. No podemos ver el viento, pero sabemos que sí existe porque podemos ver lo que hace.

Aún otra manera de saber que el viento existe es porque lo sentimos. Sóplense la parte de atrás de la mano. ¿Vieron algo? ¡No!, pero sí sintieron algo ¿no es así? No podemos ver el viento, pero podemos sentirlo soplando contra nuestro rostro y cabello.

Hoy día, muchas iglesias celebran un día especial llamado Pentecostés. Fue en el día de Pentecostés cuando Dios envió el Espíritu Santo a la Iglesia. La Biblia nos dice que los apóstoles estaban reunidos cuando de repente hizo un ruido como una violenta ráfaga de viento. Entnces, dice la Biblia, todos fueron llenos del Espíritu Santo. El Espíritu Santo de Dios es como el viento. No podemos verlo, pero sabemos que está aquí, de la misma manera que sabemos que el viento está aquí.

Podemos saber que el Espíritu Santo está con nosotros porque podemos escucharlo. La Biblia dice, "Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo." (Apocalipsis 3:20) No podemos ver el Espíritu Santo, pero sabemos que está aquí porque él habla a nuestro corazón.

Otra manera de saber que el Espíritu Santo está entre nosotros es que podemos verlo moviendo a la gente para hacer su voluntad. La Biblia dice que el Espíritu de Dios impulsa a su gente a hablar y hacer cosas por él (2 Pedro 1:21). No podemos ver a Dios, pero podemos ver a la gente hacer lo que el Espíritu Santo les impulsa a hacer.

Podemos saber que el Espíritu Santo está cerca de nosotros porque podemos sentir su presencia. La Biblia dice, "…no temo peligro alguno porque Tú estás a mi lado." (Salmo 23:4) La Biblia también dice que "…si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros" (1 Juan 4:12). No podemos ver el Espíritu Santo, pero sabemos que sí está porque podemos sentir Su presencia en nuestra vida.

Padre, gracias por enviar tu Espíritu Santo. Aunque no podemos verlo, agradecemos que podemos escuchar cuando le habla a nuestro corazón, sentir su presencia en nuestra vida, y movidos a hacer tu voluntad. En el nombre de Jesús oramos, amén.

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