No hay temor en Jesús

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: Jesús conquista nuestros temores - - Propio 12 (17)
Objeto: Un osito de peluche
Escritura: Cuando ya anochecía, sus discípulos bajaron al lago y subieron a una barca, y comenzaron a cruzar el lago en dirección a Capernaúm. Para entonces ya había oscurecido, y Jesús todavía no se les había unido. Por causa del fuerte viento que soplaba, el lago estaba picado. Habrían remado unos cinco o seis kilómetros cuando vieron que Jesús se acercaba a la barca, caminando sobre el agua, y se asustaron. Pero él les dijo: "No tengan miedo, que soy yo. Así que se dispusieron a recibirlo a bordo, y en seguida la barca llegó a la orilla a donde se dirigían". (Juan 6:16-21 - NVI)

Debo confesar que cuando era pequeño le tenía miedo a la oscuridad. Al terminar el día, cuando era tiempo de apagar las luces e ir a la cama, deseaba saber que no me encontraba solo en la oscuridad. Mi osito “Tedi” venía a mi rescate. De alguna manera, la obscuridad no me daba tanto miedo si tenía a "Tedi" en la cama conmigo.

¿Has sentido miedo alguna vez? Desde luego que lo has sentido. Todos hemos sentido miedo en algún momento. No tenemos que sentir bochorno por eso; aún los adultos sentimos miedo en ocasiones. Algunos de nosotros podemos sentir miedo a los sitios altos, otros al agua o a las arañas, pero todos sentimos miedo a algo.

Un día los discípulos de Jesús cogieron un bote y comenzaron a navegar hacia el otro lado del lago. Antes de llegar, oscureció. El viento comenzó a soplar y el agua se picó. Los discípulos sentían un poco de miedo cuando miraron y vieron a alguien venir caminando sobre las aguas. ¡La Biblia dice que los discípulos estaban atemorizados!

Entonces oyeron la voz de Jesús. Él dijo: "No tengan miedo, que soy yo." La Biblia nos dice que cuando se dieron cuenta que era Jesús, estuvieron dispuestos a invitarlo al bote y se les quitó el miedo.

Con respecto a sentir miedo, todos estamos en el mismo bote. Pero cuando invitamos a Jesús a nuestro bote, no tenemos nada que temer, porque no estamos solos.

Amado Padre, todos sentimos miedo en ocasiones. Ayúdanos a recordar que con Jesús no tenemos nada que temer. Amén.