Sermones que se ven

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: Demostrando nuestro amor por Jesús. Cuaresma – 5 C
Objetos: Puedes usar una botella de perfume o un retrato de Charles Spurgeon
Escritura: “María tomó entonces como medio litro de nardo puro, que era un perfume muy caro, y lo derramó sobre los pies de Jesús, secándoselos luego con sus cabellos. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume” (Juan 12:3 – NVI).

Charles Spurgeon es considerado como uno de los grandes predicadores que ha existido. De hecho, se le ha llamado el “príncipe entre los predicadores.” A pesar de que Spurgeon murió hace más de cien años, actualmente hay muchas personas que leen sus sermones.

De acuerdo a una historia que leí, Spurgeon y su esposa tenían gallinas y acostumbraban a vender los huevos que ponían sus gallinas. Ellos rehusaban regalar los huevos y se esperaba que aún sus familiares cercanos pagaran por los huevos vendidos por los Spurgeons. Debido a esto, algunas personas pensaban que los Spurgeons eran egoístas y codiciosos.

Los Spurgeon no se defendían de esta crítica, y fue sólo después que la Sra Spurgeon murió que se supo toda la historia. Los Spurgeons no gastaron ni un sólo centavo del dinero recibido por la venta de huevos en sí mismos. Todo el dinero recibido fue utilizado para mantener a dos viudas ancianas. A pesar de que nunca se mencionó desde el púlpito, esa historia puede haber sido uno de los más grandes sermones predicados por Spurgeon. La historia me recuerda un poema titulado “Sermones que se ven,” parte del cual dice literalmente:

Preferiría ver un sermón,
Que escuchar uno, cualquier día;
Prefiero uno que camine conmigo
A uno que sencillamente me indique el camino.

Y los mejores predicadores
Son hombres que viven sus creencias,
Pues veo lo bueno puesto en acción
Es lo que cada persona necesita. [1]

“Preferiría ver un sermón, que escuchar uno, cualquier día.” En la historia bíblica de hoy veremos como una mujer llamada María puso el amor que sentía por Jesús en acción para que todos lo vieran.

Jesús estaba visitando el hogar de María y Marta cuyo hermano, Lázaro, había sido resucitado por Jesús recientemente. Mientras estaba visitando, María tomó una botella de perfume y lo derramó en los pies de Jesús. Entonces se arrodilló y secó sus pies con sus cabellos. Ahora bien, este perfume no era como el perfume que podamos comprar en la tienda por unos cuantos dólares. Éste era muy caro. De hecho, la Biblia dice que su valor era el salario anual de una persona. Este perfume era la posesión de mayor valor que María tenía, lo mejor que tenía para dar. Mientras otras personas hablaban de su amor por Jesús, María demostraba su amor con hechos. Ella derramó su más preciada posesión en los pies de Jesús.

Puedes pensar que otros estarían impresionados de que María derramara un perfume tan caro en los pies de Jesús, pero no fue así. De hecho, ella fue criticada. Judas, el que más tarde traicionaría a Jesús, dijo: “Pudimos haber vendido este perfume por el salario de un año y haber dado el dinero a los pobres.” En realidad Judas no tenía interés por los pobres. La Biblia dice que como era el encargado del dinero, frecuentemente se apropiaba del dinero para usarlo en cosas personales.

Dos personas: Judas y María. Uno hablaba acerca de ayudar a los pobres mientras que la otra demostraba la importancia de darle lo mejor de ella a Jesús. No sé que piensas tú, pero “preferiría ver un sermón, que escuchar uno, cualquier día.”

Amado Padre, ayúdanos a demostrar nuestro amor por ti, no en palabras, sino en acciones. Ayúdanos a dar sermones que otros puedan ver. Amén.

[1] Collected Verse of Edgar Guest, NY:Buccaneer Books, 1976, pg. 599

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