Confiando en Jesús

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: ¿En quién confías? Confia en Jesús - Propio 11/Ordinario 16/Año B
Objetos: Ninguno. Jugar el juego “¿En quién confías?”
Escritura: Y dondequiera que iba, en pueblos, ciudades o caseríos, colocaban a los enfermos en las plazas. Le suplicaban que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto, y quienes lo tocaban quedaban sanos” Marcos 6:56 NVI).

Hace mucho tiempo, antes de que alguno de ustedes naciera, había un juego en la televisión que se llamaba “¿En quién confías?” Hoy vamos a jugar nuestra versión de “¿En quién confías?” El juego se juega de esta forma. Primeramente les diré qué tipo de pregunta haré. Puedo decirles que haré una pregunta bíblica. Entonces le diré a uno de ustedes: “¿En quién confías?” Usted entonces escogerá una persona en la cual confía para que conteste la pregunta correctamente.

¿Están listo para jugar? OK, ¡Juguemos! Tengo una pregunta bíblica. Juanito, “¿En quién confías?” (Juanito entonces escogerá una persona para que conteste la pregunta. Asegúrese de que las preguntas son apropiadas para que los niños puedan contestarlas y nadie se sienta mal.)

Aquí está la pregunta: “¿Qué persona de la Biblia fue tragada por un pez muy grande?” (Jonás, por supuesto.)

¡Tremendo! Juanito sabía que él podía confiar en (nombre) para contestar la pregunta.

Tratemos nuevamente. Esta vez haré una pregunta de la televisión. María, ¿en quién confías? (María escoge a alguien en que confíe para contestar la pregunta correctamente.)

La pregunta es: “¿Quién es verde y vive en un zafacón en la Calle (o Barrio) Sésame?” (Oscar el grouch o Oscar, el gruñón. De seguro sabías esa.)

(Continúe jugando según lo permita el tiempo.)

¡Vaya! ¡La verdad es que son muy inteligentes!

El jugar “¿En quién confías?” puede ser muy divertido, pero en la vida real es mucho más importante para nosotros saber en quién confiamos, y yo sé dónde buscar la respuesta. Puedo encontrar la respuesta a esa pregunta en la Biblia, porque la contestación es la misma hoy que la que fue hace 2000 años atrás.

Había muchas personas en el tiempo de Jesús que necesitaban ser sanados de todo tipo de enfermedad. Ellos seguían a Jesús donde quiera que iba. Había tantas personas siguiendo a Jesús que Él y sus discípulos casi no podían sacar un rato para descansar. Un día Jesús y sus discípulos subieron a un bote y navegaron hacia el otro lado del lago. Tan pronto ellos se bajaron del bote, en la otra orilla del lago, la gente reconoció a Jesús y comenzó a traerle los amigos y familiares enfermos que tenía. Doquiera Jesús iba, las personas ponían a los enfermos a la orilla del camino. ¿Por qué? Porque ellos sabían que en tiempo de necesidad, Jesús era la persona en quien podían confiar. Tanto confiaban en Jesús que todo lo que pedían era poder tocar el borde de su manto. ¿En quién confiaban? Confiaban en Jesús y por eso, la Biblia nos dice que todos los que tocaban a Jesús sanaban.

Todos los días nos encontramos con situaciones fuertes. Tenemos preguntas difíciles de contestar y alternativas para escoger. Muchas veces nos preguntamos “¿En quién confío?” La respuesta es “Jesús.” Tal como las personas en el tiempo de Jesús sabían que podían confiar en Jesús para sanarlos, tú y yo podemos confiar en que Jesús suplirá nuestra necesidad en cada situación.

“¿En quién confías?” ¡En Jesús!

Querido Jesús, estamos buscando alguien en quién confiar. Ponemos nuestra confianza en tí. Amén.

Nota: Otra versión de este sermón, con la aplicación basada en el Salmos 23 está disponible. Presione aquí.

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