El silbato

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: Poniendo las cosas según su prioridad
Objetos: Un silbato
Escritura: “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? ¿O qué se puede dar a cambio de la vida?” (Mateo 16:26 - NVI)

¿Has deseado alguna vez algo con tanta fuerza que darías cualquier cosa por tenerlo? Esta mañana les voy a hacer la historia de un niño y un silbato. El niñito de esta historia se llamaba Ben. Su nombre completo era Benjamín Franklin. Benjamín Franklin mas tarde creció y fue uno de los hombres más sabios que nuestro mundo ha conocido, pero en la historia de hoy, él era un niñito que hizo algo muy tonto.

Cuando Ben tenía siete años algunos de sus amigos le dieron algo de dinero. Era bastante dinero para un niñito. Al cogerlo, Ben dijo: “Llenaron mis bolsillos de vellones.” Así era que llamaban a los centavos. Con sus bolsillos llenos de dinero, Ben se dirigió hacia una tienda donde vendían juguetes. De camino a la tienda se encontró con un muchacho que tenía un silbato. Tal vez era un silbato como el que tengo en esta mañana. Cuando Ben escuchó el silbato, le gustó tanto el sonido que le dijo al muchacho que le daría todo el dinero que tenía en sus bolsillos si le daba el silbato. El muchacho le dió el silbato a Ben y cogió el dinero.

Ben se fué a su casa y cuando llegó allí la recorrió toda tocando el silbato. Sus hermanos, hermanas y primos le preguntaron a Ben dónde había conseguido el silbato y él les contestó que lo había comprado con el dinero que le habían dado. Todos comenzaron a reírse y mofarse de él. Le dijeron que había pagado cuatro veces lo que costaba el silbato. Ben estaba tan herido y se sentía tan tonto que comenzó a llorar; pero aprendió, en ese día, una lección que recordaría el resto de su vida. De ahí en adelante, cuando veía que alguien tomaba una decisión tonta, decía: “Ese hombre ha pagado mucho por su silbato”.

Algunos niños y niñas desean ser populares con cierto grupo de niños en la escuela. Ellos pueden hacer cosas que saben que están mal porque creen que los harán populares. Ellos están pagando mucho por su silbato.

Algunos niños y niñas desean ser ganadores más que nada en la vida. Están dispuestos a hacer trampa para ganar. Están pagando mucho por su silbato.

Algunos niños y niñas creen que lo más importante de la vida es divertirse, así que se pasan todo el tiempo jugando y nunca tienen tiempo para Dios. Están pagando mucho por su silbato.

¿Hay algo que desees tanto que estarías dispuesto a dar todo lo que tienes por ello? Jesús una vez hizo esta pregunta: “¿De qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”(Mateo 16:26 - Versión Reina y Valera). ¿Estás pagando mucho por un silbato?

Querido Jesús, no deseamos pagar mucho por nuestro silbato. Ayúdanos a darte el primer lugar en nuestras vidas. Amén.

Cita: Matthews, Brander, ed. The Oxford Book of American Essays. New York: Oxford University Press, 1914; Bartleby.com, 2000. www.bartleby.com/109/2.html

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