En la palma de su mano

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: Nada puede quitarnos de la mano del Padre
Objetos: Un yoyo
Escritura: “Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de mi mano” (Juan 10:28 – NVI).

¿Alguno de ustedes tiene un yoyo? ¿Sabes hacer trucos con tu yoyo? He traído mi yoyo en esta mañana. Pensé que podría dar una pequeña demostración. No soy muy bueno en esto, pero puedo hacer varios trucos simples. Lo primero que la mayoría de las personas aprenden es el movimiento básico de “sube y baja”. Estoy seguro que todos ustedes pueden hacer eso. Lo próximo que haré es el “afuera y regresa”. Como pueden notar es muy parecido al “sube y baja”. El siguiente truco será “el dormilón”. ¿Ven que el yoyo se queda abajo y da vueltas? Cuando estoy listo, le doy un haloncito y sube nuevamente a la palma de mi mano. Como truco final haré “la vuelta al mundo”. Éste es difícil y muchas veces no me sale bien. ¿Listos? ¡Aquí va! ¡Upps! No me salió, ¿verdad? No importa, no hay problema. Enrrollaré mi yoyo otra vez y estará listo para utilizarse nuevamente.

¿Notaron que cada vez que hacía uno de mis trucos, comenzaba y terminaba en el mismo lugar? Cada uno de ellos comenzaba y terminaba con el yoyo en la palma de mi mano. Jesús dijo:“Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de mi mano”. Cuando le damos nuestro corazón a Jesús y le entregamos nuestras vidas a él sabemos que estamos seguros y que nada puede arrabatarnos de sus manos. Desde luego, podemos tener nuestros “subes y bajas”. En ocaciones podemos alejarnos un poco pero un pequeño haloncito hará que volvamos a nuestro lugar. Aún cuando no nos salgan bien las cosas, como me pasó al hacer el truco “la vuelta al mundo”, él nos recoge, nos sacude y ahí estamos nuevamente, en la palma de su mano. ¿No es maravilloso tener la seguridad que Jesús nos ha puesto en la palma de su mano y que nada nos puede hacer daño o quitar de su mano?

Querido Jesús, te damos gracias por tenernos en tus manos y por darnos la promesa de que nada nos puede arrebatar de tus manos.  Amén.